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Terra
La Coctelera

Ante la falsa modestia

Un epitafio a la falsa modestia:

"Ante su talento se muestra corriente,

aún sintiéndose prodigio,

para no ofender a los demás”.

Personalmente, una de las actitudes que más me irritan es la falsa modestia. La modestia en sí es una virtud, dícese de acción que otorga integridad de ánimo, bondad y valor.

Según la RAE, esta virtud modera, templa y regla las acciones externas, conteniendo a la persona en los límites de su estado, según lo conveniente a él. La segunda definición es la cualidad de humilde, falta de engreimiento o de vanidad.


Sin ser lingüista ni filóloga, discrepo en un matiz del primer significado: templa las acciones (...) cuando le "conviene a él".  Cuando se es humilde, no se contemplan las acciones externas en conveniencia a uno, puesto que no afectan a la propia opinión y juicio, y si lo hacen, no de modo desmesurado. La modestia viene a ser un estado de humildad que toma en la justa medida los halagos externos, no porque le convenga, ya que no hay una acción premeditada, sino porque los considera como tal.

La conveniencia es el interés premeditado racionalmente. Se tiene una oportunidad y se calcula la conveniencia y/o interés personal. Los halagos como tal, para una persona modesta son recibidos en su justa medida, y por ende, hay inherente una templanza a la hora de recibirlos. Y esta templanza implica una moderación. Cuando se adquiere una actitud modesta, no es en cuanto a medio para proyectar una mejor imagen de uno/a mismo/a, porque la modestia en sí es un fin en sí mismo, un estado. Después está como se mide social y culturalmente como actitud. Una de las características de la cultura occidental es la importancia que se da al triunfo individual, el escalar posiciones socialmente y la superación de sí mismo. En este alud hay un hecho paradójico y es que se permite y reconoce escalar socialmente sin vituperear, es decir, sin ofender a los demás con un excesivo halago y concepto de sí mismo. En esta estima propia donde entra la modestia como balanza, y en algunos casos la “falsa” modestia como plus a la imagen.  Es cuando se adquiere la modestia de modo real, o fingido. Por ende, la modestia como estado, y la falsa modestia como adquisición de un yo social, una proyección intencionada de este estado. Es el uso de la imagen externa en todo su émfasis.

Fingir modestia, o siendo fieles al título del post, tener una actitud de falsa modestia, es adquirir un modo de estar en conveniencia propia, para la propia imagen. Cuando se adquiere la modestia de manera calculada es porque socialmente se considera una virtud y por ende, beneficia a quien la proyecta. Hay muchos modos de proyectar falsa modestia. Algunos apreciables de modo verbal, y otros de modo visual. De modo verbal, como es poner en boca ajena las propias virtudes, o negar lo innegable, esto es, negar un talento inherente a un reconocimiento objetivo. La figura de quiénes son premiados y menoscaban reiteradamente el propio mérito, o peor aún, conciben que no lo merecen. La falsa modestia apreciable de modo no verbal, sería, primero, aquella en la que las palabras no van acorde con los gestos, y segunda, cuando lo visible niega las palabras. El primer caso es el típico estudiado por psicólogos en el lenguaje no verbal y es cuando la mirada, posición y gestos afirman el halago, no así las palabras, tozudas, que se deleitan con menoscabarse. En el segundo caso están aquellas afirmaciones que niegan una obviedad. Como ejemplo, las anécdotas tan cotidianas que vivimos muchas mujeres, la típica amiga de turno delgada que dice estar gorda. Estos casos son terreno crudo, ya que no són con ánimo de incluir situaciones serias y dramáticas de alteración a la propia imagen cómo cuando hay o una enfermedad mental –anorexia y bulimia-. El ejemplo citado refiere ciertos comentarios de personas que como si nada, dicen algo peyorativo de su imagen, cuando su físico evidencia que no es así. La chica delgada que dice tener barriga como quien dice que hoy hace sol, y obviamente espera que le digas, no, estás estupenda, e infles un poco más su ego.

Nunca una palabra ha tenido tantas vueltas de tuerca en este blog, pero es una rebelión ante la falsa modestia, gran enemiga de la autenticidad. La modestia como tal es una virtud y la sociedad de la imagen la ha cosificado como una de las herramientas más eficaces del marketing. El hito comercial lleva implícito este marketing, pero cuando se trata de la propia imagen, y la obsesión de qué proyectamos hacia los demás, la modestia es alterada en su significado. La modestia se cultiva cuando es un trabajo interior, y esto conlleva madurez y cierta reflexión. También implica autoestima, es decir, respeto a uno mismo, y por ende, un autoreconocimiento, sin alterar de modo desmesurada la propia imagen. Que no me vendan la moto aquellos que intentan quedar bien siempre puesto que de los demás dependa su imagen.

 

Volviendo al epitafio del principio del post.

Éste puede devenir una declaración a las buenas maneras de alguien hacia el otro. Aquel al que se le reconoce un talento pero no farda ante éste. Esto no es falsa modestia. La falsa modestia a la que se refiere el epitafio, como bien se ha dicho, es aquella que hace del reclamo exterior una afirmación propia de lo que ya se sabe de antemano. Tal vez sea en el fondo una falta de autoestima, y por ende, el reconocimiento más que ser propio, grita a voces sutilmente, que le halaguen. El hecho de esconder o disimular un talento para no ofender a los demás es talvez el modo de modestia falsa más difícil de ver. Es aquel que, roza la arrogancia y altivez, muy disimulada. Como en la película Dogville, en la que el personaje principal interpretado por Nicole Kidman, al final, reconoce su arrogancia. Ella ha cedido durante toda la película hacia los otros, como un medio para que la reconozcan, aún sabiéndose de sus cualidades. Su posición social manifiesta al final desvela cual ha sido su posición personal durante el transcurso de la historia, y ésta no ha sido más que rebeldia hacia su padre.

 

Para terminar me quedo con una frase de Chamfort, y es: la falsa modestia es la más decente de todas las mentiras. Qué cierta cita.

 

Sobre la dignidad

  

Nadie podrá jamás despojarte de tu dignidad a  menos que le des permiso

O se lo permitas.

 

Dignidad significa "calidad de digno", deriva del adjetivo latino dignus, se traduce por "valioso"; es el sentimiento que nos hace sentir valiosos, sin importar nuestra vida material o social. Conlleva en sí, una acepción vacía de juicios valorativos, independientemente de la escala normativa de una sociedad de aquello que considera como valioso.

 

En un día cualquiera, en vísperas de navidad, salía del metro de Plaza Catalunya y me encontré con una persona sentada en el suelo pidiendo limosna. Llamaba la atención por una malformación que tenía en la espalda, sentado encima de una manta de color índigo, y con el torso medio desnudo. Reconozco que me llamó la atención, y porque negarlo, me compadecí. Le di un mísero euro y, con prisas, iba directa hacia las escaleras mecánicas ya que por enésima vez llegaba tarde al curso de informática. No obstante, oí al tipo que me solicitaba, con voz alta y vehemente. Me había olvidado un presente a cambio de la limosna dada. Me dio un sobre con una postal de navidad, y añadió dentro el sobre una pieza que simula un cuarzo azul.

 

El sólo echo de solicitarme para que me volviera hacia él implicaba una reciprocidad. Sin vacilar, me miró a los ojos, de un azul con una tonalidad muy bella, y me dio aquello que me pertenecía, según él, por haberme percatado de su demanda. Pasamos en un instante de una relación asimétrica, en la que el alguien que aparentemente depende de la benevolencia externa, exime de ésta la mera compasión, al dar a cambio algo. No se trata de medir la calidad de aquello que da, sino de la intención en sí. El tipo, más allá de pedir limosna, exige respeto a cambio. El sobre con la postal navideña simboliza esa estima propia del individuo, aún estando sentado en el suelo para demandar unas monedas.

 

La pobreza llevada al extremo es aquella que está desenmascarada, que ya no se oculta y que, sin contemplación, termina dependiendo de la caridad ajena. Legitima pues que "depende" de una acción samaritana de un individuo cualquiera, desconocido, con el que no hay una reciprocidad en el acto. Richard Senett, en su magnífico ensayo sobre el Respeto, cita que cuando la compasión adopta la forma de piedad, también puede humillar al receptor. La compasión puede venir a sustituir la justicia, dice Hannah Arendt, pues la piedad "siempre significa desigualdad". No es de mi menester contextualizar un acto individual en el contexto social en el que se sitúa. Demasiado complicado y complejo. Pero sí recalcar que, determinadas acciones individuales, como la del hombre al que refiero, devienen un trasfondo de proporcionalidad. Ésta, implica que en las relaciones sociales haya un intercambio de servicios u objetos entre varios agentes. Hay un acuerdo entre éstos para que se dé a cabo este intercambio, siempre, bajo el precepto de igualdad. En términos económicos se entiende una mercantilización de las relaciones por el mero hecho de ponerles precio. No obstante, en términos individuales implica un acuerdo entre dos. Un acuerdo sólo es posible cuando se reconoce al otro, y por ende, no se le excluye.

 

Entiendo que, aún no esperando nada a cambio del mendigo al darle la limosna, el hecho de él llamarme, mirarme a los ojos y darme un objeto a cambio, es talvez, el acto de dignidad más noble que he contemplado en una situación extrema. Me conmovió, y todavía me conmueve que más que exigir un reconocimiento por haberle dado una limosna, me exime de mi aparente benevolencia, que esconde tras de sí, compasión. Vuelvo a subir las escaleras mecánicas, despojada de una incómoda superioridad, sustituida por un reconocimiento mutuo.

 

Antonio Vega, poeta

El mismo contenido,

pero en recipientes diferentes,

lo que los diferencia es el modo de vaciarse,

de desnudarse.

 

Dijo Antonio Vega que las palabras son más un medio de expresión

de los sentimientos, que un fín en sí mismo.

 

Así pues, es el desnudo el fin,

el despojarse de lo superfluo y quedarse con lo esencial,

el deleitarse no en la búsqueda de la sintonia entre ritmo y fonética

sino de instrumentalizar éstas para exteriorizar aquello que se nos escapa,

Es pues, mostrarnos vivos, al fin y al cabo.

 

El contenido es eternamente el mismo,

miedo a la vida, a la muerte

amor, el recíproco y el no correspondido, el imposible.

 

La diferencia está en que filtro se muestra este contenido,

 esa mirada y sensibilidad,  que en sentido figurado expresa la

cotidianedad.

 

Antonio Vega lo hizo de un modo sutil,

nada presuntuoso, y con la sensibilidad del que

susorra al oído en el silencio de quiénes lo oyen.

 

Poeta, al fin y al cabo, de los pocos que quedaban.

 

 

Buscando ser la musa

 

Los brotes de calor ya llegaban,

penetrando en sus poros como seres demoníacos que la asfixiaban,

menguando su capacidad de pensar, en pro de sentir.

 

Por las mañanas se aligeraba la ropa,

se hacia caer un tirante de la camisa intencionadamente,

buscando que la miraran,

buscando en las pupilas ajenas el deseo de que la esculpieran.

 

Se hacía llamar Gina,

alias que no hacía pensar en la Gabriela de su DNI,

Reía a carcajadas,  y envaucaba a los otros sin darse cuenta

en risas desapabullantes.

 

Por la noche, dejaba que su mirada se sobrepusiera ante la comicidad del dia,

mostrando una bajada sutil en la mirada,

manteniendo siempre un cierto rubor intencionado,

de quien esquiva pero insinúa.

 

Algunos prestaban atención,

otros miraban a sus amigas.

Esas noches desenfrenadas, acabaria o no, que más da,

en algun motel barato compartiendo sábanas con un desconocido

del cual se acordaria por lo que bebió, no así por su nombre.

De madrugada, huiria lentamente,

sin pretensiones,

pues todavia no era el momento de encontrar

 al que supiera pintarla.  

 

enamorament

Et tinc al devant,

Una nuca fina,  imprópia dels teus gestos segurs, més afí a una sensibilitat  que a primera vista manca, excepte quan mires als ulls.

I mentres estic asseguda, interpetant el paper de qui es concentra de manera estoica, sento com s'aproximen els teus passos  com una àncora que balanceja amb el mar, segurs i vitals, sense badar el seu ritme.

De fons, escolto com converses de coses quotidianes amb els companys, i com d'afí sento que són els temes dels que parles.

Però si no sembles tant inassolible, la banalitat quotidiana fa de tu quelcom comú que resta la singularitat del teu atractiu.

No ets platònic, ets real.

No obstant, quan em topo al devant teu soc incapaç de mirar-te, i em faig

la dura a través d'un vel de fredetat que oculta una enorme inhibició dels

sentiments, aquells que en un moment determinat els despullem de manera

impúdica o, els soterrem quan no en sabem discernir el seu contingut.

 

Enamorament... més que amor,

atracció... més que conexió.

No se quin nom donar-li.

Només et veig com quelcom impossible.

Pot ser no tant per tu, sinó per mi, ja que no estic disposada a cedir.

I una mica per tu, perquè només em mires quan estic d'esquena, i

m'ignores en les converses banals.

 

El que sento ara per tu, segurament passarà,

no així  la impotència de tornar a caure en el mateix

error d'idealitzar, de fixar-me en el guaperas de torn, i de

disfrassar-me de dona de gel.

 

Avui fa fred i sento calor.

Crec que hi ha esquerdes en el glaçó.

No em donc perbencuda de que aviat es descongeli la cuirassa que tant m'oprimeix.

 

 

 

sin pretensiones..

 

Día martes.

Suena un silbido iracundo tras de sí,

el escaparate de la zapatería ha cambiado,

la mirada de del panadero está absorta en los panes bávaros.

 

Ve pasar a unos chicos con la música en el móvil,

despreocupados,

con ganas de comerse el mundo

y perder la dichosa virginidad.

 

Ella lleva peinado nuevo,

que parece que le otorgue un aire liviano,

No anda, flota,

No mira, acaricia,

Y su nuca, desnuda y desvalida,

 añora el idilio con la rubia cabellera.

 

Está despreoucapada porque no siente atadura ninguna

Triste por echar algo en falta,

Libre para hacer lo que quiera hacer.

 

La confunden con otra persona,

Por un momento ha sentido que era otra,

Alguien que le ha permitido romper con el pasado,

olvidando de donde viene,

Sin saber donde va.

la envidia, un sentimiento corrosivo

 

Mirando que está haciendo,

Creyendo que lo está haciendo mejor,

Bajando las propias expectativas

de ser algún día igual de bueno.

Igual de válido,

Igual de bello,

Igual de listo,

Igual de admirado.

Ha olvidado quién es, porque se ha perdido mirando al de al lado.

 

Este pequeño esbozo refleja de algún modo la pérdida de perspectiva de uno/a misma y la atención desacerbada a un ideal con el que se tiende a competir. Este ideal suele ser una persona del entorno cotidiano con quien se comparten aptitudes y labores similares.

Cuando una persona focaliza su valía comparándose constantemente con la de otro, cae en un sentimiento muy nocivo, la envidia. Se está más pendiente de lo que hacen los otros, respeto a algo, en vez de intentar mejorar la propia manera de actuar, de ser. El foco de atención pasa a ser el otro, en este caso, el objeto envidiado. 

Existe una repercusión negativa de este sentimiento, y es que, no sólo rebaja al envidiado como ser humano por querer y desear constantemente lo que tiene otro, sino que se pone de manifiesto el sentimiento de poca valía del envidioso.

¿Quién no ha sentido nunca este nocivo sentimiento? Hacia la compañera de clase que tenía mejor expediente académico, hacia esa chica con el cuerpo tan esbelto, hacia la otra que tenia tanto carisma... Creo que todos hemos sentido alguna vez este sentimiento, de modo consciente (el peor, seguramente) y de modo inconsciente. El problema es cuando uno cae en las redes de este pecado capital y se enrosca en una red, fabricada por uno mismo, de idealización del otro y menoscabo propio.

Y es que la envidia, no sólo es el peor insulto a uno mismo, sino un pozo en el cual se entra y si no se es consciente, se hace de chivo expiatorio de todos los males al objeto envidiado.

Ahora, indagando más contextualmente en este sentimiento en el mercado laboral... sólo puede ser posible cuando se establecen relaciones sociales de igualdad. Para tal tiene que haber un marco política democrática en el cual toda la población tenga igual acceso a la educación. Desde que ésta es universal y la mayoría de la población tiene acceso a las aulas, ya no se reducen las estadísticas en el acaparamiento de secundaria sino de la educación terciaria o universitaria.  De esto se supedita que a posteriori se entra en un mercado laboral con las "mismas" condiciones.  Así pues, dos licenciados de económicas no entran con las mismas condiciones a competir por un puesto de trabajo. Uno tiene un master en ESADE y el nivel profeciency en inglés. El otro tiene la licenciatura en económicas y 4 años de experiencia  como vendedor en el IKEA.  Hasta aquí se ve que la desigualdad social alimenta la desigualdad de talentos. Hay elementos de clase social que instigan a que el conocimiento no sólo sea algo autotélico, un fin en si mismo  sino un bien con el cual se compite a posteriori en el mercado laboral. Esto respeto a la desigualdad de conocimientos por factores de clase social.

Luego está la desigualdad de talento. El origen etimológico proviene del griego tálaton que es el plago de la balanza y que involucra su peso. Los griegos romanos calculaban el costo de algunas mercancías por medio de su peso. Su acepción era para medir la aptitud o potencial de alguien para realizar una cierta actividad. El talento implica inteligencia, pero se entiendo que refiere más a la habilidad hacia alguna actividad, arte o disciplina en concreto. El talento, junto a belleza y cualidades personales suelen ser de por sí cualidades desiguales en todos los seres humanos ya que son características biológicas, es decir, propias de cada uno. Así como se pueden mejorar con el tiempo, pero hay cualidades que por mucho que se midan con las de otro, siempre serán menores. Volviendo al ejemplo de los dos licenciados de económcias. Al del máster le dan la oferta laboral. Éste era uno de los mejores de su promoción y le dieron una beca para hacer el máster en políticas macroeconómicas en ESADE. No obstante, el otro licenciado, era medianamente bueno y las circunstancias económicas no le acompañaron lo suficiente como para estar más pendiente de su carrera. Como cualiades obvias destacaba su talento en la venta.

 Si partimos de una diversidad en las cualidades personales se pierde la referencia de un ideal al cual representase. Este ideal siempre lo representa aquel que está sujeto a aquello que socialmente se espera de uno. No obstante, el ideal está. Estamos en la sociedad occidental, de por sí fuertemente competitiva, con ideales imposibles de belleza y en los que indirectamente -ya que directamente sería políticamente correcto- se presiona a la competencia y consecución de logros para ser aprobado socialmente. Se empujan ideales hacia el éxito. Eso desde pequeños, se palpa a través de modelos a seguir, ya en la universidad, compitiendo secretamente con el de al lado para hacer el trabajo más brillante.

La envidia en este contexto no es un sentimiento pérfido de personas malvadas. Es una consecuencia de la rivalidad "mal llevada" hacia el otro, el de al lado, aquel con el que se comparte aula o con quien se trabaja. De aquí lo único que se puede educir es que no es un sentimiento pérfido, sino muy humano, y brutalmente nocivo no sólo para aquel que lo padece, sino para aquel que se convierte en chivo expiatorio de la propia frustración de no conseguir nada.

Sí, es un deseo de tener lo que tiene el otro, pero también es un insulto para quien lo padece. A quien le surja momentos de rivalidad hacia algún compañero, que los detecte, para que no devenga sigilosamente disfrazada de envidia. Así como la competencia puede ser sana, la rivalidad es una competencia exagerada hacia el otro, y cuando el otro está constantemente en el punto de mira de tal modo que se pierde la propia perspectiva de lo que se está haciendo para estar más pendiente de lo que hace el otro, entonces si que es envidia.  

Para combatir este sentimiento nocivo, que mejor que hacer una declaración de amor propio. Esto es lo único que puede hacer reducir el odio inconsciente -o consciente- hacia la otra persona. No soy propensa a citar mensajes moralistas, pero como dice el sabio filósofo y entendedor de la psicología humana Antonio Marina, en el catecismo cuando se habla de los pecados capitales: "contra la envidia, caridad". Es decir, generosidad y amor. No identificarse con este sentimiento, porque muchas personas han sentido envidia en algún momento de su vida en el que la autoestima estaba baja. Y como dice Marina, profesarse amor y respeto hacia uno mismo.

¿Cómo? Indagando en aquellas cualidades personales que hacen de nosotros algo único, diferente e irrepetible. Esto no sólo es hacer una lista de cualidades personales, sino un examen interno para ser conscientes de ellas y potenciarlas al máximo.

Sin tener en cuenta las cualidades del de al lado.

 

A ti, purgador

Me hubiera gustado el título de “a ti, redentor”, por su belleza fonética, pero el contenido de éste no se ajusta al objetivo del pequeño texto.

Vayamos allá.

Mi relación con el blog deviene una especie de sadomasoquismo asimétrico en el cual yo siempre purgo mis emociones más molestas.

En eso soy algo egoísta blog, siempre acudo a ti cuando veo que en mi entorno más cercano, amigos y familia, no encuentro ningún alivio sobre aspectos que me inquietan.

En el blog hay personas que escriben con una rutina y disciplina ejemplar. Escriben sobre temas especializados, ya sea informática, literatura, cine o una ácida crítica social sobre la actualidad.

Hay otros que como yo, creamos un blog con demasiadas pretensiones, y lo hemos limitado o, a momentos antisociales en los que el mejor alivio era escribir delante del ordenador, o momentos depresivos –bajón moral, vaya- en los que la escritura deviene una pequeña purgación sobre aquellas cosas que nos inquietan o molestan sobre nosotros mismos y en nuestra relación con los demás.

Soy asidua a la autosuperación, virtud que reconozco en constante conflicto con mi terca vaguedad que limita este afán voluntarioso de superarme a mi misma. Espero que algún día la voluntad gane a la vaguedad, que no es más que la manifestación pesimista de que actuar no sirve para nada. Volviendo a lo que iba: me gusta superarme y eso conlleva a que forme parte del colectivo, mayoritariamente oculto, de personas que tienen una lista llena de quehaceres y deseos a cumplir para el nuevo año. La mayoría demasiado presuntuosos… pero algunos se acaban cumpliendo, por propio amor propio, y porque no… por coherencia con uno mismo.

Uno de mis propósitos para el 2009 (los otros los tengo que pensar) está relacionado con el blog:

Te prometo mi querido blog, no limitarte a ser simple objeto de mi mal karma, y prometerte ampliar ese lado crítico y creativo que va más allá de mi vida personal. Más que un diario personal te prometo para este 2009 ser un blog digno de autoestima, que contenga no sólo descontentos personales, sino críticas sociales y alguna que otra tímida iniciación literaria.

Por algo se empieza. La voluntad está manifesta. Esperemos que la constancia sea el acento de ésta.