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La Coctelera

BLANCO SOBRE NEGRO

20 Enero 2009

la envidia, un sentimiento corrosivo

 

Mirando que está haciendo,

Creyendo que lo está haciendo mejor,

Bajando las propias expectativas

de ser algún día igual de bueno.

Igual de válido,

Igual de bello,

Igual de listo,

Igual de admirado.

Ha olvidado quién es, porque se ha perdido mirando al de al lado.

 

Este pequeño esbozo refleja de algún modo la pérdida de perspectiva de uno/a misma y la atención desacerbada a un ideal con el que se tiende a competir. Este ideal suele ser una persona del entorno cotidiano con quien se comparten aptitudes y labores similares.

Cuando una persona focaliza su valía comparándose constantemente con la de otro, cae en un sentimiento muy nocivo, la envidia. Se está más pendiente de lo que hacen los otros, respeto a algo, en vez de intentar mejorar la propia manera de actuar, de ser. El foco de atención pasa a ser el otro, en este caso, el objeto envidiado. 

Existe una repercusión negativa de este sentimiento, y es que, no sólo rebaja al envidiado como ser humano por querer y desear constantemente lo que tiene otro, sino que se pone de manifiesto el sentimiento de poca valía del envidioso.

¿Quién no ha sentido nunca este nocivo sentimiento? Hacia la compañera de clase que tenía mejor expediente académico, hacia esa chica con el cuerpo tan esbelto, hacia la otra que tenia tanto carisma... Creo que todos hemos sentido alguna vez este sentimiento, de modo consciente (el peor, seguramente) y de modo inconsciente. El problema es cuando uno cae en las redes de este pecado capital y se enrosca en una red, fabricada por uno mismo, de idealización del otro y menoscabo propio.

Y es que la envidia, no sólo es el peor insulto a uno mismo, sino un pozo en el cual se entra y si no se es consciente, se hace de chivo expiatorio de todos los males al objeto envidiado.

Ahora, indagando más contextualmente en este sentimiento en el mercado laboral... sólo puede ser posible cuando se establecen relaciones sociales de igualdad. Para tal tiene que haber un marco política democrática en el cual toda la población tenga igual acceso a la educación. Desde que ésta es universal y la mayoría de la población tiene acceso a las aulas, ya no se reducen las estadísticas en el acaparamiento de secundaria sino de la educación terciaria o universitaria.  De esto se supedita que a posteriori se entra en un mercado laboral con las "mismas" condiciones.  Así pues, dos licenciados de económicas no entran con las mismas condiciones a competir por un puesto de trabajo. Uno tiene un master en ESADE y el nivel profeciency en inglés. El otro tiene la licenciatura en económicas y 4 años de experiencia  como vendedor en el IKEA.  Hasta aquí se ve que la desigualdad social alimenta la desigualdad de talentos. Hay elementos de clase social que instigan a que el conocimiento no sólo sea algo autotélico, un fin en si mismo  sino un bien con el cual se compite a posteriori en el mercado laboral. Esto respeto a la desigualdad de conocimientos por factores de clase social.

Luego está la desigualdad de talento. El origen etimológico proviene del griego tálaton que es el plago de la balanza y que involucra su peso. Los griegos romanos calculaban el costo de algunas mercancías por medio de su peso. Su acepción era para medir la aptitud o potencial de alguien para realizar una cierta actividad. El talento implica inteligencia, pero se entiendo que refiere más a la habilidad hacia alguna actividad, arte o disciplina en concreto. El talento, junto a belleza y cualidades personales suelen ser de por sí cualidades desiguales en todos los seres humanos ya que son características biológicas, es decir, propias de cada uno. Así como se pueden mejorar con el tiempo, pero hay cualidades que por mucho que se midan con las de otro, siempre serán menores. Volviendo al ejemplo de los dos licenciados de económcias. Al del máster le dan la oferta laboral. Éste era uno de los mejores de su promoción y le dieron una beca para hacer el máster en políticas macroeconómicas en ESADE. No obstante, el otro licenciado, era medianamente bueno y las circunstancias económicas no le acompañaron lo suficiente como para estar más pendiente de su carrera. Como cualiades obvias destacaba su talento en la venta.

 Si partimos de una diversidad en las cualidades personales se pierde la referencia de un ideal al cual representase. Este ideal siempre lo representa aquel que está sujeto a aquello que socialmente se espera de uno. No obstante, el ideal está. Estamos en la sociedad occidental, de por sí fuertemente competitiva, con ideales imposibles de belleza y en los que indirectamente -ya que directamente sería políticamente correcto- se presiona a la competencia y consecución de logros para ser aprobado socialmente. Se empujan ideales hacia el éxito. Eso desde pequeños, se palpa a través de modelos a seguir, ya en la universidad, compitiendo secretamente con el de al lado para hacer el trabajo más brillante.

La envidia en este contexto no es un sentimiento pérfido de personas malvadas. Es una consecuencia de la rivalidad "mal llevada" hacia el otro, el de al lado, aquel con el que se comparte aula o con quien se trabaja. De aquí lo único que se puede educir es que no es un sentimiento pérfido, sino muy humano, y brutalmente nocivo no sólo para aquel que lo padece, sino para aquel que se convierte en chivo expiatorio de la propia frustración de no conseguir nada.

Sí, es un deseo de tener lo que tiene el otro, pero también es un insulto para quien lo padece. A quien le surja momentos de rivalidad hacia algún compañero, que los detecte, para que no devenga sigilosamente disfrazada de envidia. Así como la competencia puede ser sana, la rivalidad es una competencia exagerada hacia el otro, y cuando el otro está constantemente en el punto de mira de tal modo que se pierde la propia perspectiva de lo que se está haciendo para estar más pendiente de lo que hace el otro, entonces si que es envidia.  

Para combatir este sentimiento nocivo, que mejor que hacer una declaración de amor propio. Esto es lo único que puede hacer reducir el odio inconsciente -o consciente- hacia la otra persona. No soy propensa a citar mensajes moralistas, pero como dice el sabio filósofo y entendedor de la psicología humana Antonio Marina, en el catecismo cuando se habla de los pecados capitales: "contra la envidia, caridad". Es decir, generosidad y amor. No identificarse con este sentimiento, porque muchas personas han sentido envidia en algún momento de su vida en el que la autoestima estaba baja. Y como dice Marina, profesarse amor y respeto hacia uno mismo.

¿Cómo? Indagando en aquellas cualidades personales que hacen de nosotros algo único, diferente e irrepetible. Esto no sólo es hacer una lista de cualidades personales, sino un examen interno para ser conscientes de ellas y potenciarlas al máximo.

Sin tener en cuenta las cualidades del de al lado.

 

Tags: emociones

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Sobre mí

Las emociones nos hacen sentir cada dia, cada instante. La fina línea de su envoltura a veces nos lleva a perdernos en su contenido. Por este motivo escribo sobre aquellas situaciones que me inquietan. Ya sea por un sentimiento intenso, ya sea por una duda perniciosa. Todo, con el inocente y esperanzado fin de verlo todo cómo blanco sobre negro para no perderme en la oscuridad del negro. Me alegra saber que personas que pueden parar en este blog por casualidad, sientan empatía hacia el contenido o la forma de lo escrito, y de pasada, que añadan sus puntos blancos para trazar una bellas figuras blancas en el decoroso negro.

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